lunes, 26 de abril de 2010

Capaz que sí, no?


El Papa debería ser procesado

08:40
Por Richard Dawkins
26.04.2010
Diario Crítica de la Argentina

¿Por qué la gente se sorprende cuando Christopher Hitchens y yo hacemos un llamamiento para que se procese al Papa? Hay un asunto del que debe responder.La pederastia no es exclusiva de la Iglesia Católica Romana, y Joseph Ratzinger no es uno de esos sacerdotes que violaron a monaguillos abusando de una posición de dominio y confianza. Pero, como tantas veces, es el subsiguiente encubrimiento, incluso más que los delitos originales, lo que deshonra una institución, y ahí el Papa está en un buen lío.El papa Benedicto XVI es el jefe de la institución en su conjunto, pero no se puede culpar al jefe actual de lo que se hizo antes de que él asumiera el cargo. Salvo que, en este caso particular, como arzobispo de Múnich y como cardenal, Ratzinger, jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe (lo que antes se llamaba Inquisición), lo mínimo que se puede decir es que hay un asunto por el cual debe responder. El último cuerpo del delito es la carta de 1985, facilitada por Associated Press (AP), firmada por el entonces cardenal Ratzinger, dirigida a la diócesis de Oakland en relación con el caso del padre Stephen Kiesle. Dando palos de ciego de pura desesperación, los portavoces de la Iglesia están ahora echándole la culpa de su grave situación a todo el mundo menos a sí mismos, situación que uno de los portavoces oficiales compara con los peores aspectos del antisemitismo (y yo me pregunto, ¿cuáles son los mejores aspectos?). Entre los presuntos culpables figuran los medios de comunicación, los judíos e incluso Satanás. La Iglesia se está pertrechando detrás de un río de excusas aparentemente inagotable por haber faltado a su obligación legal y moral de comunicar unos delitos graves a las correspondientes autoridades civiles. Pero es la responsabilidad oficial del cardenal Ratzinger a la hora de determinar la respuesta de la Iglesia frente a las acusaciones de pederastia, así como su carta en el caso de Kiesle, lo que dejar ver, de forma explícita, la auténtica motivación. Éstas son sus palabras literales, traducidas del latín en el informe de AP:“Este tribunal si bien considera muy significativos en este caso los argumentos presentados a favor de la dispensa, no obstante cree necesario tener en cuenta el bien de la Iglesia universal junto al del demandante, y tampoco es capaz de minimizar el daño que la concesión de la dispensa puede provocar en la comunidad de los fieles de Cristo, sobre todo teniendo en cuenta la temprana edad del demandante.”Con “la temprana edad del demandante” se refiere a Kiesle, quien entonces tenía 38 años, no a la edad de los chicos a los que ató y violó (11 y 13 años). Queda muy claro que, junto al guiño a la protección del “joven” sacerdote, la primera preocupación de Ratzinger, y la razón por la cual se negó a apartar del sacerdocio a Kiesle –quien siguió cometiendo delitos–, era “el bien de la Iglesia universal”. Esta costumbre de poner la imagen pública de la Iglesia por encima del bien de los niños que están bajo su protección –y ésta es una forma muy suave de expresarlo– se repite una y otra vez en los casos de encubrimiento que están saliendo a la luz en todo el mundo. Y el propio Ratzinger lo expresó con claridad fulminante en esta carta que es un cuerpo del delito. En este caso, estaba negando la encarecida petición del obispo local de que se apartara del sacerdocio a Kiesle. Según el reglamento del Vaticano, de estos casos no debía informarse a las autoridades civiles sino a la propia Iglesia. La actual campaña en el sentido de pedir cuentas a la Iglesia es el motivo por el que acaban de cambiar este reglamento, a fecha de 12 de abril de 2010. Más vale tarde que nunca, como habría dicho Galileo en 1979, cuando el Vaticano finalmente se decidió a presentar sus disculpas de manera póstuma. Supongamos que el ministro de Educación británico recibiera de una autoridad municipal de Educación un informe digno de crédito sobre un profesor que ata y viola a sus alumnos. Supongamos que en lugar de comunicarlo a la policía simplemente traslada al delincuente a otro colegio donde éste siguiera violando niños. Eso ya sería gordo. Pero ahora imaginemos que justificase su decisión en términos como éstos:“Si bien considero muy significativos en este caso los argumentos presentados a favor del procesamiento, no obstante creo necesario tener en cuenta el bien del gobierno junto al del profesor que ha cometido los actos, y tampoco soy capaz de minimizar el daño que el procesamiento puede provocar entre los votantes, sobre todo teniendo en cuenta la temprana edad del demandante”.En lo que falla la analogía es que no estamos hablando de un cura que ha cometido delitos sino de muchos miles de curas en todo el mundo. ¿Por qué se le permite a la Iglesia que se salga con éstas, cuando cualquier ministro a quien se pillase escribiendo una carta de este tipo tendría que dimitir inmediamente y de forma ignominiosa, y ser a su vez procesado? Un líder religioso como el Papa no debería ser diferente. Ésta es la razón por la cual, junto a Christopher Hitchens, apoyo la investigación de Geoffrey Robertson, QC y Mark Stephens. Estos excelentes abogados piensan que, para empezar, hay razones de peso para poner en duda el estatus del Vaticano como Estado soberano, basándose en que aquello no fue más que una ocurrencia ad hoc motivada por la política interior italiana bajo Mussolini y que la ONU nunca le ha concedido un estatus pleno. Si tienen éxito con este argumento inicial, el Papa no podría acogerse a la inmunidad diplomática como jefe de Estado y podría ser detenido al pisar suelo británico.¿Por qué debería alguien sorprenderse, menos aun escandalizarse, cuando Christopher Hitchens y yo abogamos por que se procese al Papa si sigue adelante con su visita prevista al Reino Unido? Lo único extraño de nuestra propuesta es que tuviera que venir de nosotros: ¿Dónde han estado los gobiernos del mundo todo este tiempo? ¿Dónde está su fibra moral? ¿Dónde está su compromiso con la justicia universal, la ley que es igual para todos? El gobierno del Reino Unido en lugar de ponerse del lado de las víctimas inocentes de la Iglesia católica está preparándose para darle la bienvenida a este hombre grotescamente mancillado en su visita oficial a nuestro país para que pueda “proporcionarnos una guía moral”. Léase de nuevo: “Proporcionarnos una guía moral”.Por desgracia debo concluir pasando de lo sublime a lo trivial, con una corrección necesaria de un error en otro periódico. El 11 de abril, el Sunday Times puso el siguiente pie de foto en portada: “Richard Dawkins: Arrestaré al papa Benedicto XVI”. Esto trae a la mente, y ésa fue sin duda la intención, una imagen ridícula en la que yo agarro al Pontífice con unas esposas y lo llevo a rastras. Fue duro, pero finalmente conseguí persuadir a ese periódico de Murdoch de que cambiaran el titular en su edición en línea.Dejando de lado los titulares inventados por subeditores ignorantes, nosotros vamos en serio. Debería ser un tribunal, un tribunal civil y no un tribunal eclesiástico encubridor, el que decidiera si el caso contra Ratzinger es tan grave como parece. Si es inocente, démosle la oportunidad de demostrarlo ante los tribunales. Si es culpable, que se enfrente a la Justicia. Como cualquier otra persona.

viernes, 16 de abril de 2010

Teléfono para Benito.


16/04/2010 Clarín - Nota - El Mundo - Pag. 28 HANS KUNG, EX COMPAÑERO Y AMIGO DE JOSEPH RATZINGER Un influyente teólogo pide rebelarse contra Benedicto XVI VATICANO. CORRESPONSAL E n una carta abierta a los casi 5.000 obispos de la Iglesia Católica, el teólogo suizo de 82 años Hans Küng, que reside desde hace décadas en Alemania, llamó a los episcopales a rebelarse al Papa Benedicto XVI, que "ha fracasado" en el "pontificado de las oportunidades perdidas", y a luchar por los cambios, con una convocatoria a un nuevo Concilio como el Vaticano II. La carta abierta tuvo una amplia repercusión mundial pues fue publicada completa por The New York Times y varios de los principales diarios europeos, entre ellos La Repubblica de Roma. El texto comienza recordando la amistad entre Küng y Joseph Ratzinger. "Eramos los más jóvenes teólogos del Vaticano II (1963-65) y hoy somos los más ancianos que siguen en actividad". Al comienzo de su pontificado, Benedicto XVI tuvo un gesto de reconciliación: invitó a cenar a Küng, a quien no veía desde hacía muchos años. Kueng afirmó en la carta que la Iglesia vive la peor crisis de confianza desde la Reforma Protestante de hace cinco siglos, agravada por los escándalos por los abusos sexuales encubiertos desde hace decenios por la Iglesia. "La obediencia incondicional sólo se debe a Dios", afirmó el teólogo suizo, invitando a los obispos a no respetar su juramento similar al Papa, "porque no lo merece ninguna autoridad humana". El más famoso e influyente entre los teólogos disidentes del catolicismo afirmó en la carta que el Papa "no está a la altura de los desafíos de nuestro tiempo" porque "ha fracasado su enfoque tradicionalista". Küng hizo un detallado elenco de las "oportunidades perdidas" por Benedicto XVI. Citó la falta de acercamiento a las Iglesias evangélicas. También la falta de continuidad del diálogo con los judíos, al seguir con la plegaria por su conversión el viernes santo y levantar la excomunión a obispos cismáticos notoriamente antisemitas. Con los musulmanes "también faltó diálogo basado en la confianza". En Ratisbona, el Papa dio del Islam en una célebre conferencia que provocó muchas reacciones musulmanas, "una imagen caricatural". Küng también acusa a Benedicto XVI de haber dicho que los indios americanos "anhelaban" la llegada de los conquistadores blancos y perdió la oportunidad de ayudar a las poblaciones africanas en la batalla contra el Sida, apoyando la lucha contra el SIDA. El teólogo disidente sostuvo en la carta que el Papa "no supo reconciliarse con la ciencia moderna" y no adoptó "el espíritu del Concilio Vaticano II como brújula de la Iglesia Católica, llevando adelante sus reformas".

lunes, 12 de abril de 2010

Más vale tarde...

Agencia EFE
Vaticano divulga guía para afrontar casos de pederastia
CIUDAD DEL VATICANO. Por primera vez y como velada respuesta a las críticas recibidas por la gestión de los casos de pederastia, el Vaticano divulgó hoy la Guía de la Congregación para la Doctrina de la Fe para afrontar esos hechos, que establece que hay que denunciarlos “siempre” a la autoridad civil.
También contempla que en los casos más graves el Papa puede directamente reducir al estado laical al clérigo pederasta, sin pasar por un juicio canónico previo. El documento ha sido publicado en la página web del Vaticano, en el enlace “Abusos sobre menores, la respuesta de la Iglesia”, que incluye los documentos vaticanos para luchar contra esas situaciones, las cartas del Papa a las víctimas, discursos de Benedicto XVI y Juan Pablo II y otros textos relacionados.El viceportavoz del Vaticano, Ciro Benedettini, precisó que no se trata de un documento nuevo, sino que es la Guía redactada en 2003 y que ha sido publicada ahora, por primera vez, “en nombre de la absoluta transparencia impuesta por el Papa” para estos casos.Titulada “Guía para entender los procedimientos básicos de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre las acusaciones de abusos sexuales”, el texto hace referencia a las leyes que se aplican actualmente en estos casos, el Motu Proprio (documento papal) “Sacramentorum santictatis tutela” de 2001 y el Código de Derecho Canónico de 1983. La guía fue escrita en la época en la que el actual Papa era el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.El texto está dividido en tres partes, la primera de las cuales se refiere al procedimiento preliminar y señala que, cuando se produce una denuncia de abuso de un menor por un clérigo, la diócesis local es la primera encargada de investigar el hecho. Si la acusación tiene peso, el obispo local remitirá el caso con toda la documentación necesaria a la congregación vaticana y expresará su opinión sobre los procedimientos a seguir y las medidas que se adoptarán a corto y largo plazo. Y, en ese punto, la guía señala: “las leyes civiles referentes a las denuncias de esos delitos a las autoridades competentes siempre se deben seguir”.Durante la etapa preliminar y hasta que el caso esté concluido, el obispo puede imponer medidas cautelares para salvaguardar a la comunidad y a las víctimas y asegurar que los niños no sufren nuevos daños. La segunda parte se refiere a los procedimientos autorizados por la Congregación para la Doctrina de la Fe. Una vez el caso está en manos del dicasterio vaticano, éste puede pedir más información al obispo y autorizarle a realizar el proceso ante un tribunal local de la Iglesia, con la asistencia de dos asesores.El sacerdote acusado deberá presentar pruebas y, si es condenado a una pena canónica, puede presentar recurso ante la Congregación. El clérigo declarado culpable puede ser condenado a diferentes penas, la más grave de ellas la expulsión al estado laical. El ex Santo Oficio también puede decidir, en los casos “muy graves”, dirigir éstos al Pontífice y pedirle que el acusado sea directamente reducido al estado laical, sin ser sometido a juicio previo.En los casos en los que el pederasta ha admitido sus delitos y ha aceptado llevar una vida de plegarias y penitencias, la Congregación autorizará al obispo local a dictar un decreto que prohíba o limite el ejercicio público del ministerio sacerdotal. Si los acusados conscientes de sus delitos piden ser dispensados del sacerdocio, el Papa lo concederá por el bien de la Iglesia. En el último punto, la Guía explica que la congregación ha comenzado a revisar algunos artículos del “ Sacramentorum santictatis tutela ” para poner al día la “ Delicta graviora ” , sobre los delitos de abusos más graves.Hasta ahora, estos delitos vencían diez años después de que el menor alcanzara la mayoría de edad, pero recientemente Charles J.Scicluna, “promotor de justicia” (fiscal) de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se mostró a favor de abolir cualquier tipo de prescripción.En los últimos meses, el Vaticano está en el punto de mira por la gestión de los casos de curas pederastas en numerosos países. El mismo Papa se ha visto salpicado, después de que varios diarios aseguraran que cuando estaba al frente del ex Santo Oficio encubrió a sacerdotes, lo que ha sido desmentido por la Santa Sede, que ha denunciado una “innoble campaña” para golpearle “cueste lo que cueste”.

jueves, 21 de mayo de 2009

Fósil

A propósito del post anterior.

Notese cómo se dirigen estos personajes a quien no pide más que un asesoramiento de orden psicológico. Es típico de este tipo de mentalidades negar todo tipo de ingerencia de la ciencia en cuestiones de religión. Lo cierto es que el celibato sacerdotal (que la mayoría de las veces va acompañado de una cruda soledad afectiva) conduce realmente a las neurosis, a la depresión y al alcoholismo; eso sin entrar a investigar el grado de trastornos de indole sexual que genera la abstinencia de sexo impuesta (eso es el celibato).
No es que en todos los casos se generen los mismos trastornos, pero sí que siempre hay consecuencias psíquicas derivadas de una vida tan específica como es la que lleva el celibe. Eso no se puede negar. Y que no siempre esa consecuencia es la pueril alegría rayana en lo estúpido que le están prometiendo estos supuestos místicos al sacerdote que pide asesoramiento.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Dialoguitos en catholic. net sobre las consecuencias psicológicas del celibato.


El Celibato y sus consecuencias psicológicas
Autor: Daniel 23 (---.dial-up.net.ar)
Fecha: 09-08-03 11:15

Estimados, entiendo que este es el lugar mas apto donde me podrán dar una respuesta.

Hace unos meses escuché que un teologo-psicologo Aleman ha hecho un controvertido articulo o tesis donde dice que el celibato conduce a la neurosis.

Por favor, quisiera que me indiquen donde puedo encontrar ese material, o si alguien puede decirme algo al respecto, lo agradeceré.

Daniel.-



El Celibato y sus consecuencias psicológicas
Autor: Amado sandoval Martinez (---.prodigy.net.mx)
Fecha: 09-12-03 11:55

Hermano, soy sacerdote tengo 27 años y tres de ordenado, y la verdad yo pense mucho en ordenarme pues mi problema era la castidad pues provengo una ciudad tropical y eso afecta al individuo y pues se que es un hábito y un don al mismo tiempo, he visto a hermanos caer en brazos de la lujuria pero compredí algo una vez que estaba en oración, no se si em creas pero me dijeron en mi mente : Hijo mio se santo como Yo lo soy, no sabes cómo sufro cuando mis hijos sacerdote me hacen bajar en la eucaristía con sus manos manchadas? sufro pero ahí estoy repitiendo mi calvario y más sufro cuando ellos mis consagrados me comen indignamente, y lo llore tanto que le pedí fuerzas para no caer , te digo algo me siento feliz pues esa termenta ya paso, no siento nada con respecto al sexo ya paso quiza a un tres o cuarto grado de posición en mí y encuanto a que seamos neuróticos se debe a muchos probelmas internos y externos de la pesona, al stres del trabajo al cansancio, mira cuando estoy algostresado salgo a la cine o a cenar con amigos que no son sacerdote y me divierto sanamente y eso te relaja. Ahora bien tambien depende de la edad sabete que tambien el hombre paso por un tiempo 46-50 años ques se llama andropausa y que es un tiempo el el cual nos volvemos irritables, todo nos molesta y entonces si que empieza el problema en nosotros los sacerdotes en uchos aspectos , y ademas hermano, creo que tiene que ver tu visa espiritual y la relación entre los fieles, tener amigo es lo más aconcejable, pues ahí canalizamos nuestra afectividad si la reprimimos , por algún lado ha de hacernos daño. Que Dios te bendiga y te de lo que más necesites. Amado



El Celibato y sus consecuencias psicológicas
Autor: aldo (---.200-43-174.telecom.net.ar)
Fecha: 09-12-03 23:19

Estimado Daniel, Sacerdote del Señor. Partamos para conversar este tema de algunos principios ciertos.Pueden ser la Revelación, tienes fe?, espero que sí. Partamos de las costumbres milenarias de los hombres, partamos enganchado al primer principio de la necesidad de humildad de la inteligencia para descubrir la verdad y hacerla carne.
Si Cristo - Dios, entregó a la Iglesia la postestad de enseñar lo mejor para que el hombre sea perfectamente hombre- la Iglesia es experta en humanidad-. Y ,por otra parte, esa Iglesia pide al sacerdote el celibato... sería en consecuencia infame y perversa, y se estaría burlando del hombre, en este caso un sacerdote, si no pudiera cumplir con ello.
Aacaso no puede tener tal amor Dios Padre que clame , con un santo celo , por la entrega total a Él. Si lo hace sería para desarreglo psicológico del hombre-sacerdote o cualquiera que se entregue en celibato; por cierto que NO. Buscas ser más perfectamente hombre? sin neurosis?, no te da entonces Dios a través de la Iglesia el serlo , cuando -experta en humanidad- te pide el celibato.
Animo Daniel, si te lo pide se puede: tal vez el no aceptar eso , lleve justamente a la neurosis , y a una permanente insatisfacción, a buscar afecto de otra forma.
En tus manos , por la Gracia está la solución.Oración y pureza de a poco y el celibato sera: POSIBLE, FACIL Y DESPUES GUSTOSO.
muy cordialmente y solicitando tu bendición
Aldo

ama y haz lo que quieras



El Celibato y sus consecuencias psicológicas
Autor: Daniel 23 (---.dial-up.net.ar)
Fecha: 09-13-03 00:58

Estiados Amado y Aldo,

Agradezco enormemente su cariñoso y espiritual aporte. Pero creo que no entendieron mi consulta...

Busco ese material o un aporte profesional.

Muchas gracias!!!

Daniel.-

P.D. 1 para Aldo/ Tus razonamientos son redonditos. Perfectos, pero totalmente desencarnados. Si miras la realidad del clero te encontrás con una Iglesia que es experta en humanidad y sacerdotes que, con su humanidad, escandalizan. ¿Donde está el error? ¿Quién tiene la razón? ¿Quién se equivocó?

P.D. 2 también para Aldo/ Me decís "ánimo..." Te agradezco. Pero busco información seria y profesional; no solo para mi, sino para compañeros, que "quieren, pero no pueden..."

El celibato sacerdotal y su historia.


Por Leonardo Moledo

El pedido hecho por sacerdotes (o ex sacerdotes) para que sea abolido el celibato eclesiástico en el sínodo de octubre en Roma tiene pocas chances, pero promete revolver el avispero de un problema que afecta a la Iglesia que ahora conduce Benedicto XVI. Los argumentos que se esgrimen son los de siempre: por empezar, que el celibato es contra natura, que está restando vocaciones a la Iglesia Católica (la única que lo exige), que no hay indicación alguna en los evangelios que lo imponga y que se trata de una cuestión no de dogma sino procedimental, o de derecho canónico que bien puede ser modificada. Del lado ortodoxo se citan fragmentos de las epístolas de San Pablo, escritos de San Agustín y otros padres de la Iglesia y, supremo argumento entre los argumentos, que el celibato es esencial para que los sacerdotes católicos no se distraigan con complicaciones de familia y puedan dedicarse solamente a su Dios (desde ya, este argumento es poco sólido a menos que se admita que la religión es la profesión suprema... ¿por qué no exigirlo a los cirujanos, para evitar que los problemas con su cónyuge lo perturben en el medio de una incisión? ¿O a los carniceros? ¡Qué deliciosas achuras, qué cortes perfectos tendríamos si no fuera por el colegio de los chicos!).

La historia del celibato sacerdotal católico es bastante sinuosa y ambigua, por cierto: en el siglo VII en Francia, los documentos demuestran que la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados y en el siglo VIII San Bonifacio informa al Papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote es célibe. En 836, el Concilio de Aix-la-Chapelle admite abiertamente que en los conventos y monasterios se han realizado abortos e infanticidio para encubrir las actividades de clérigos que no practican el celibato. San Ulrico, un santo obispo, argumenta que basándose en el sentido común y la escritura, la única manera de purificar a la Iglesia de los peores excesos del celibato es permitir a los sacerdotes que se casen. Pero en 1074 el papa Gregorio VII dice que toda persona que desea ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: “Los sacerdotes deben primero escapar de las garras de sus esposas”; en 1095: El papa Urbano II hace vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos son abandonados y finalmente, en 1123, el Concilio de Letrán decreta que los matrimonios clericales no son válidos e impone la exigencia del celibato para el sacerdocio.

A pesar de lo cual en el siglo XV todavía el 50 por ciento de los sacerdotes son hombres casados y aceptados por la gente y hubo Papas casados, como los había habido antes del Concilio, empezando por el primero, San Pedro, pero también Félix III (s. V), Hormidas (s. VI, con un hijo que a su vez fue Papa), Clemente IV (s. XIII), Félix V (s. XV). Muchos Papas, por su parte, aunque no casados, tuvieron hijos públicamente y no ocultaban para nada la existencia de sus amantes, que vivían en palacios y eran visitadas por el Papa a la vista de todo el mundo; el más conspicuo seguramente fue Alejandro VI Borgia, padre de Lucrecia y César Borgia, que no ocultaba la existencia de sus amantes, a quienes instalaba en palacios a la vista y conocimiento de todo el mundo (es verdad también que por ese entonces, el capelo de cardenal se vendía muchas veces a laicos que eran casados previamente, lo cual explica en parte este tipo de situaciones estando ya el celibato instaurado). Durante todos esos y estos siglos se discutió sobre el asunto y los argumentos no fueron muy distintos de los que se esgrimen hoy.

Sin embargo, rara vez se dice que el celibato, en verdad, hizo que la Iglesia Católica accediera al inmenso poder de que gozó en estos dos milenios. Tampoco es raro que el celibato se afirmara en los tiempos del Concilio de Letrán (s. XII) ya que es por ese entonces que se consolida de manera más o menos homogénea (con las inevitables variantes locales) el feudalismo europeo. La propiedad feudal en principio no era hereditaria, sino que era una concesión del supremo señor feudal, el rey o el emperador, que regresaba al rey al morir el feudatario. El señor feudal, a su vez, concedía partes de su feudo a sus propios vasallos, que podían repetir el esquema y así se formaba la pirámide feudal. Como es natural, el tiempo volvió costumbre que los hijos heredaran los feudos de los padres (lo cual se consiguió a veces con sangrientas rebeliones llamadas “de los valvasores”, “vasallos de los vasallos”). Ahora bien: el concesionario de un feudo no necesariamente tenía que ser una persona (del mismo modo que el feudo no necesariamente tenía que ser tierra, y podía ser un derecho de mercado o de aduana), y podía ser un ente colectivo, por ejemplo, una ciudad. O una institución, como la Iglesia Católica, que fue el principal feudatario de Europa con, se calcula, un treinta por ciento de las tierras.

Así las cosas, no era del interés de la Iglesia que un obispo, vasallo a su vez del rey de Francia, intentara que sus hijos (que podían o no ser eclesiásticos) heredaran el obispado que era un feudo muy concreto, con inmensas cantidades de tierras. El celibato aseguraba la unidad feudal de la Iglesia y la conservación de sus inmensas riquezas, que al morir cada feudatario, obispo, arzobispo o el mismo Papa, regresaban a la institución, sin el riesgo de fragmentación permanente que sufrían los incipientes estados nacionales europeos, divididos y rearmados como rompecabezas por políticas de herencia, dinásticas e incluso líos de familia. El celibato garantizaba que la Iglesia estaba a salvo de esos problemas y sería Una e Indivisible.

Además, desde el siglo XII, también, el Papa se enfrenta una y otra vez con reyes de Europa sobre el ejercicio del poder (que se manifestó en la famosa “querella de las investiduras”): el Papa consideraba que, en el fondo, los soberanos europeos (incluso el titular del Imperio Romano germánico) eran vasallos suyos, cosa que éstos resistían con diversa suerte. Tampoco era conveniente correr el riesgo de que a un supremo soberano (el Papa) se le ocurriera dividir su reino muy de este mundo, y efectivamente, se conservó una unidad que muchos reyes, jaqueados por sus grandes duques envidiaban. Eso sí: cuando la fractura sobrevino, fue brutal: nada menos que la Reforma, que partió a la mitad de la Iglesia en iglesias nacionales que, carentes de poder terrateniente, no tuvieron problema alguno en abolir el celibato.

Así, más allá de la discusión teológica, la institución del celibato no sólo no tiene raíces espirituales; muy por el contrario, está ubicada en la raíz misma del enorme poder y riqueza históricos del Vaticano. Es de suponer que en estos tiempos capitalistas –y aunque siga vigente para una institución el mandato de no dividir el capital societario– hay diversas maneras de preservarlo y permitir a los sacerdotes llevar una vida más libre.